Su imagen está en plazas, parques, escuelas, monedas, estatuas. Pero más allá del mármol, Maceo vive en la conversación del cubano.
El monumento de Antonio Maceo en La Habana no es un adorno: es una declaración de principios urbanos.
Poetas, pintores, músicos han hecho de Maceo símbolo de orgullo racial, valor y fuerza moral.