El Colegio de La Salle, ubicado en la barriada del Vedado, fue construido por miembros de la orden fundada por Juan Bautista de La Salle en Francia a finales del siglo XVII.
En 1961 fue confiscado por el gobierno cubano a la organización religiosa. Estudié en esta enorme escuela a principios de los 90s. Ya en ese tiempo estaba bien deteriorada y llevaba por nombre Jose Ramon Rodriguez.
Mi padre también estudió en este colegio a principios del siglo 20 cuando estaba en manos de los Hermanos de La Salle. Las pocas veces que fue por algún motivo cuando yo estudiaba se negó a entrar, quedaba abrumado con el nivel de destrucción.
La última vez que se acercó a la escuela por algún asunto sobre mi, en la entrada a mi lado pensó en voz alta…”yo espero que Fidel sepa de esto”…y no entro, viro la espalda se subió al auto y se largó. Fidel Castro había estudiado en el colegio de La Salle en Santiago de Cuba.
Hace casi 10 años pase por el colegio y llamó mi atención ver personas con carretillas de construcción llenas de materiales saliendo del patio que da por 13 hacia la calle.
Entre buscando a algún responsable y aquello estaba inhóspito, solo se escuchaba el sonido de algunos pájaros que allí pernoctan que le impregnaba esa sensación de soledad . Con un amigo que me acompañó y que estudió allí también, camine asombrado por el nivel de destrucción y las chapucerías de reparaciones que al parecer se estaban llevando a cabo.
Aún se conservaban los pisos, barandas de escaleras y ventanas bastante deterioradas y las rejas. Hace unos días pasé de nuevo por casualidad cerca de la escuela y me sorprendió encontrar muchas familias malviviendo en este lugar convertido en cuartería. Ya no queda ni el piso ni las barandas de las escaleras y se han robado gran parte de las rejas del muro perimetral.
Al estar “abandonado” varias familias entraron y lo ocuparon. Lo demás es historia. Cuando hice el reportaje hace 10 años pensé que tenía salvación, hoy no hay nada que hacer. Ojalá y un día vuelva a ser ese lugar esplendoroso que en su momento fue. Al menos todavía el cantar de los pajaritos sigue vivo. Enrique de la Osa Crespo@