Tal vez quieran mis lectores saber cómo se celebran en la Habana las vacaciones, o las «Pascuas de Navidad», como aquí se llaman. Fue difícil para mí darme cuenta de que tal fiesta se acercaba, porque el mes de diciembre fue tan caluroso como lo es en Hamilton, Nueva York, 5 el de julio : yo leí que en los Estados Unidos hacía un frío intenso, que hasta en la Florida Central el termómetro bajó al punto de congelación ; pero en la Habana no descendió a sesenta grados.
Las fiestas de Pascuas comienzan el veinticuatro de 10 diciembre y continúan hasta el seis de enero inclusive, que es el aniversario del día en que los Reyes Magos ofrecieron sus regalos al niño Jesús en el pesebre.
Desde la víspera de Navidad comienzan las gentes a expresarse unas a las otras el deseo de que tengan felices Pascuas, y un próspero y feliz Año Nuevo. No sólo los amigos se envían mutuamente tarjetas de felicitación, como sucede entre nosotros ; sino que también es costumbre que el camarero, el portero, el cartero y el sereno que guarda en las noches la esquina de la calle manden sus felicitaciones a los jefes de la familia, como un velado recordatorio de que sería muy aceptable un aguinaldo.
En Cuba se celebra más la Nochebuena que entre nosotros. Las familias invitan a sus amigos para una cena que se verifica a una hora bastante avanzada de la noche y en la que el plato favorito es el lechón asado entero a modo de barbacoa, que algunos días antes de Navidad se halla expuesto a la venta en todas partes. También se venden pavos y pollos asados en abundancia. Es cosa bastante común el ver a los hombres llevando por la calle lechones vivos, atadas las patas anteriores y las lo posteriores por medio de un lazo que sirve .de asa, de modo que el animal es conducido patas arriba, y como la postura no le resulta cómoda, hace un ruido escandaloso que algunas veces se aminora amarrándole el hocico a las patas delanteras. El postre favorito para el festín es el turrón procedente de varias ciudades de España.
Aunque la embriaguez es bastante rara en Cuba, abunda esa noche. Después de aquella cena tardía se asiste a la misa de media noche, llamada Misa del Gallo. A causa del mucho beber de aquella noche se han visto a veces escenas nada edificantes en la misa, y por tanto, este año, por primera vez, la asistencia sólo fue permitida a las personas invitadas.
En las noches hay siempre grande animación y mucho ruido en la Habana : la temperatura es tan deliciosa que se prefiere pasar una buena parte de ellas fuera de casa, y quedarse dentro durante el día cuando el calor del sol es insoportable. Los carritos eléctricos continúan su servicio prácticamente toda la noche. En la Nochebuena y en la que precede al Año Nuevo las calles están atestadas de gente hasta mucho después de las doce.
Bajo la iniciativa de una sociedad que da servicio religioso cada semana en el Presidio, se dio una comida de Navidad a los mil quinientos presos confinados allí. Se solicitó para ello la cooperación de comerciantes y familias y se despertó gran interés en pro de este esfuerzo filantrópico en favor de aquellos desventurados, pues fué la primera vez en la historia de la ciudad que a los habaneros se les pidió de hacer una cosa como ésta.
El Presidio es una antigua fortaleza que tiene un gran patio, pavimentado ahora y embellecido con palmas y flores. A ese patio pasó una doble hilera de presos llevando cada uno su vajilla usual compuesta de una taza de dos cuartos, una cuchara y otra taza de una pinta ; todo hecho de lata. A la entrada del patio estaba un gran caldero de hierro que se acababa de quitar del fuego y que contenía arroz y jamón picado. Cada preso recibió en la taza mayor una cucharada de esto, y siguiendo adelante la fila pasó frente a otro caldero con frijoles que se sirvieron encima del arroz con jamón ; después venían los presos a un tercer caldero lleno de un guiso de patas y colas de puerco escabechadas, combinadas con papas, aceitunas etc., plato que parecía más sabroso de lo que puede creerse por la descripción. Una cucharada de este último guiso vino a colmar la taza mayor y completó la parte sólida de la comida. Después los presos se dirigieron a las mesas improvisadas en el patio y allí les dieron dulces y manzanas y botellas de agua mineral.
Después de la comida la banda organizada entre los mismos presos tocó varias piezas de música conforme a un programa : luego se pronunciaron discursos por tres o cuatro de los presos más instruidos, por el redactor en jefe de uno de los periódicos de la ciudad, por un representante de la sociedad que daba la fiesta y por un coronel rico, cuya cooperación para la fiesta se había conquistado, y que no sólo contribuyó con víveres, sino que también organizó una exhibición cinematográfica para el final, espectáculo que muchos de los confinados no habían visto jamás. Los discursos de los presos fueron, en su mayor parte, una súplica a los miembros presentes de la prensa para que promovieran leyes más justas respecto a los delincuentes.
El Año Nuevo se celebra casi como en los Estados Unidos; pero hay además un servicio religioso de vigilia en las iglesias evangélicas la noche anterior. El advenimiento del año se saluda con el mayor ruido posible: con el repicar de las campanas, con el soplar de los silbatos etc.
Como Cuba es un país católico, el día preeminente para dar regalos no es el de Navidad ni el de Año Nuevo, sino el seis de enero, conocido con el nombre de Día de, los Reyes, pues que, según la tradición, los tres Magos que ofrecieron sus presentes de oro, incienso y mirra fueron reyes orientales. Las personas mayores rara vez se hacen presentes en esta ocasión, pero los niños son grandemente agasajados, y a este respecto algunas costumbres son muy interesantes. Uno o dos días antes, cada niño escribe una carta a los tres Reyes diciéndoles lo que más desea y la entrega a sus padres para que la remitan a su destino.
Al acostarse coloca fuera un zapato en vez de una media. En su pensamiento, los tres Reyes, cuyos nombres son Gaspar, Melchor y Baltasar, vienen por el aire montados en camellos cargados de juguetes. En los países fríos, donde se usa el fuego, los niños colocan sus zapatos al lado de la chimenea, pero en Cuba en donde no hay preparativos para hacer lumbre más que en la cocina, los zapatos se ponen cerca de las puertas o en los balcones. Si el niño es desobediente los Reyes ponen en su zapato un carbón en vez de un juguete.
Algunas veces, especialmente en los pueblos pequeños, se mantiene la ilusión disfrazándose unas personas con trajes orientales, las cuales van por la calle tocando trompetas mientras reparten los regalos. Luego que un niño tiene bastante edad para no abrigar más aquellas ilusiones infantiles, cesa de poner fuera su zapato, pero continúa aún por algunos años recibiendo regalos.
Aquel año, según la costumbre, algunas sociedades religiosas y filantrópicas se unieron para surtir de regalos a los niños pobres de la ciudad : el reparto de los presentes duró desde la una hasta las cinco de la tarde, y más de tres mil niños se sintieron felices de ese modo.
Las costumbres de Cuba son esencialmente las mismas que las de España.