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Las ruinas del Colegio La Salle (I)

De joya educativa de la República a símbolo del derrumbe: la historia de uno de los colegios más prestigiosos de Cuba, hoy convertido en escombros en pleno Vedado

La Habana. En la calle 13, entre B y C, en el corazón del Vedado habanero, se levanta —o más bien, sobrevive— lo que un día fue uno de los tres mayores colegios privados de la capital cubana. El antiguo Colegio de La Salle, orgullo arquitectónico y educativo de generaciones de habaneros, es hoy un esqueleto de columnas debilitadas, derrumbes parciales y filtraciones que no se detienen.

Su historia, en muchos sentidos, es la historia de un país.

Una fundación pensada para enseñar a amar a Cuba

Las fundaciones de los colegios de La Salle en la isla comenzaron en La Habana en 1905, impulsadas por miembros de la orden religiosa fundada en Francia, a fines del siglo XVII, por San Juan Bautista de La Salle. En medio siglo, los Hermanos llegaron a establecer doce planteles en todo el país, además de la Universidad Social Católica San Juan Bautista.

El plantel del Vedado fue, durante la primera mitad del siglo XX, una referencia educativa nacional. Por sus aulas pasaron generaciones de estudiantes de todas las clases sociales —fue de los primeros centros del país en ofrecer educación gratuita— y desde allí se introdujeron innovaciones pedagógicas como la educación física obligatoria en los cursos regulares. Antiguos alumnos, hoy en el exilio, aún lo recuerdan con devoción: “Los Hermanos de La Salle nos enseñaron a amar a Cuba”.

La expulsión de 1961 y el inicio del olvido

La trayectoria del colegio cambió de manera abrupta el 25 de mayo de 1961, cuando los Hermanos de La Salle fueron expulsados del país por el gobierno de Fidel Castro, en el marco del proceso de nacionalización de la enseñanza privada. El régimen no autorizó nuevamente la presencia de miembros de la orden en Cuba hasta 1989, y entonces solo para actividades apostólicas dentro de la Iglesia Católica.

El edificio del Vedado pasó a manos del Estado y, durante años, albergó al Instituto Politécnico de Transporte José Ramón Rodríguez. Pero el deterioro fue ganando terreno. Hoy solo una pequeña parte de la instalación —apenas un diez por ciento, según testimonios recogidos por la prensa independiente en años recientes— se utiliza para actividades educativas. El resto languidece.

“Llueve más adentro que afuera”

Las tareas de reparación emprendidas en estos decenios han sido escasas e intermitentes. Los trabajos de albañilería se han reducido, en su mayoría, a colocar planchas de fibrocemento y a maquillar paredes en estado crítico.

“Las reparaciones aquí llevan años”, confesó tiempo atrás un empleado del lugar al fotógrafo Enrique de la Osa, hijo del legendario periodista cubano del mismo nombre y antiguo alumno del plantel. “Hay partes donde llueve más adentro que afuera. Creo que con parches esto no tiene ya arreglo”.

De la Osa, que ha vuelto al edificio para documentar su decadencia, no puede separar su mirada profesional de la memoria personal: él mismo cursó allí estudios de Técnico Automotriz en los años noventa, y su padre fue alumno del Colegio de La Salle a inicios del siglo XX. “Las pocas veces que mi padre fue por algún motivo cuando yo estudiaba allí, se negó a entrar. Quedaba abrumado con el nivel de destrucción del lugar”.

Un patrimonio sin custodios

Lo que se ve hoy en La Salle es una postal repetida en otros símbolos arquitectónicos cubanos: el Teatro Martí en su peor momento, el antiguo restaurante Moscú, los edificios eclécticos de Centro Habana que se desploman cada temporada de lluvias. El abandono institucional ha hecho con el patrimonio republicano lo que ningún huracán había logrado: convertirlo en escombros lentamente, año tras año, sin titulares.

Pero La Salle ha sumado, en los últimos meses, un capítulo nuevo y más perturbador. El edificio ya no está solo abandonado: está habitado. Decenas de familias —madres solteras, damnificadas del huracán Melissa, migrantes internos llegados desde Granma, Santiago de Cuba, Guantánamo y Baracoa— lo han convertido en refugio improvisado.

Llegaron porque no tenían dónde más ir. Llegaron porque el edificio no tenía puertas que romper. Llegaron porque, en un país donde el Estado se ha mostrado incapaz de proteger sus propios símbolos, la ruina se ha vuelto, paradójicamente, el último techo posible.

De ellas hablaremos en la segunda entrega.

Colegio de La Salle, Habana, Cuba Abril 2026.

Documental de Enrique de la Osa Crespo.

El Colegio de La Salle, ubicado en la barriada del Vedado, fue construido por miembros de la orden fundada por Juan Bautista de La Salle en Francia a finales del siglo XVII. En 1961 fue confiscado por el gobierno cubano a la organización religiosa.